Éramos.

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Éramos eso que no podía ser… y se iba.
Éramos el deslumbramiento de un alma por un alma.
Éramos palíndromos oceánicos.

Éramos el viento gritando las poesías de su ser,
éramos noche y estrellas.

Éramos extraños perdidos en las maravillas de la piel,
éramos un dolor placentero, amantes de las letras.

Éramos la soledad del cointicinio,
éramos besos y caricias, textos eróticos,
orgasmos múltiples y demás.

Éramos eso que no podía ser,
que deseábamos pero no podríamos… y se iba.

Éramos frío en el asfalto,
éramos la gravedad de abrazos sin brazos.

Éramos poemas malditos de amor, siluetas de sol y luna,
éramos los designios de la vida.

Éramos relojes sin tiempo, miradas pérdidas y encontradas,
audaces y penetradoras,
éramos distancia unida por versos, apenas rozada por letras.

Éramos todo y éramos nada.
Éramos todo lo que deseábamos ser, que no podía, pero que era.
Éramos ansias… y se iba.

Éramos confianza y traición enlazada en la pasión,
color y pecado, mujer y hombre,
amantes desconocidos y encontrados,
éramos sueño en el insomnio, el beso de madrugada.

Y éramos tanto que el deseo escarceo mantenía viva la excitación hasta llegar a la culminación.

Éramos todo tipo de purezas, miradas de rayo celeste y fatal.

Éramos el fondo del alma, esa flor sombría llena de perfumes y de venenos, que se llama amor… y se iba.

Tienes forma de Mujer.

In the water by Felix Vallotton.jpg

Eres dulce como la leche de Felipa
como las flores del obelisco,
No te hace falta ningún pétalo y tu cuerpo es rico en amapolas,
Tu piel tiene sabor a mar con las huellas de ayeres
y echa raíz dentro del alma,
Y tu voz revela erotismo y romance,
Tus manos provocan orgasmos múltiples a cada tacto, y nunca me canso de recorrer tu cuerpo
desde tus pechos hasta tus caderas desnudas,
Tienes ojos de luna y sonrisa de estrella,
Y tu esencia tiene aroma de perfume de ansia que embriaga la rosa,
Vives bajo el cielo difunto y el viento galopa con tus undosos cabellos,
Tienes labios delgados hambrientos de piel y una párvula boca.
Eres tan mujer, tan niña, tan instinto desatado…

Fíjate que te quiero.

Fíjate que te quiero, no sé como pero te quiero. Tal vez sea porque contigo he aprendido a querer las imposibilidades que somos nosotros.
Y sé que te quiero porque esto es el sentir más natural que existe y más sano. Sano porque siento como si yo fuera esa hortaliza de la que te debes alimentar y no del Zumaque venenoso del cual vives.

Te quiero, quizás no mucho pero si lo suficiente para escribirte.
Sé que no te busco, ni te mando cartas como antes, pero en ocasiones busco llamar tu atención siendo la intrusa de tus sueños, y los velo desde tu ventana y te abrazo con delicadeza y sin brazos, como solía hacerlo cuando éramos nada.
Te quiero, como cuando inhalaba sin que lo notaras el humo de esos cigarrillos baratos que siempre te daba por fumar y que yo tanto detestaba.
Sé que te digo que te quiero porque nunca estás, y si estuvieras yo te amaría.

Esto es tentar al vacío. Es sólo otro intento más de ver que pasa por la oscuridad de un indescifrable bosque.
Te quiero porque en el proceso me quiero a mi, porque quiero encontrarme y tú te estás encontrando a ti.
Te quiero, como cuando solíamos ir a caminar a cualquier lugar a hablar de la importancia de la inmortalidad del cangrejo o de la estupidez de los tiburones en idiomas que ni nosotros sabíamos, pero nos contemplábamos horas; o cuando solías robarme besos al pestañear, y me presumías lo mucho que sabias de música que yo desconocía. Y hasta cuando te enfadabas.
Pero yo nunca he sido de esas personas que en niñeasen a su niño interior.

Y sé que te digo que te quiero porque no decirlo sería guardármelo y yo nunca me guardo nada; Y siempre ando cargando con aquella libreta rosa qué me obsequiaste en alguna ocasión para que pudiera encontrarme y para escribir nuestros silencios, ahí mismo yacen algunos de tus poemas, ademas de las canciones que me has compuesto y esas raras e inexistentes flores que me has regalado del jardín de tus sueños.
Y te digo que te quiero porque con nadie más iría a un concierto de Indie Rock, gritaría en silencio o fumaría tus cigarrillos baratos ó tomaría café negro amargo y todas esas cosas que solíamos soñar.

Te quiero, ¿por qué a quien más podría querer si lo que quiero es quererme a mi?

Necesito de ti.

No sabes cómo necesito de ti,
necesito tu voz,
aquel silencio que hacia que mi dolor cruento se desvaneciera,
necesito de tus brazos,
tus abrazos sin brazos
esa cordura que perdíamos al hablar,
que siempre nos llevaba a un beso
nuestra perdición,
necesito tus grandes labios color granada,
tu párvula boca, tan pecadora ella.
Te necesito a ti,
necesito que vuelvas a mirarme como siempre lo hacías
lo verde de tus ojos,
el amarillo que se escondía en ellos
necesito a tus ojos más de lo que te necesito a ti.
Necesito tus suspiros que se volvían murmullos en silencio
la gravedad de los momentos,
la flor del olvido y amor que me pertenece gracias a ti.
Necesito todo lo que éramos,
jamás volveremos… pero te necesito.

A mi me gustan los hombres.

A mi me gustan los hombres que brillan; que brillan entre cualquier otro.
A mi me gustan los hombres que pueden hacerme reír a carcajadas, pero que tampoco sean payasos. Los que desayunan un “te quiero” o un beso…
Los que no tiene miedo a llorar, ni a que los vean hacerlo.
A mi me gustan los hombres prefieren la sonrisa de una mujer, a su cuerpo; aquellos que ríen con discreción pero a todo volumen.
A mi me gustan los hombres intelectuales, que pueda estar con ellos y puedan enseñarme cosas nuevas; pero que tampoco sean mucho más listos que yo.
Los que leen y disfrutan llenarse la cabeza con libros, los que escriben, los que no llaman la atención a excepción de la mía.
Esos aventureros que suben y bajan puentes.
A mi me gustan los hombres que viven el amor y están locos por la vida.
Los que disfrutan de un cigarrillo de vez en cuando, y cuando se emborrachan jamás me llaman para decirme que me aman.
A mi me gustan los hombres que aman a los niños; que podrían acompañarme a un hospital a interactuar y convivir con ellos.
Los que no duermen, que no andan con freno de mano.
Aquellos que sueñan con los ojos abiertos, y los cierran para aventarse al abismo sin miedo de lo que pueda pasar.
Me gustan los que viajan, los que no saben donde terminarán mañana y viven un día a la vez.
Los que arriesgan lo cierto por lo incierto, los que dan todo sin pedir nada a cambio.
A mi gustan los hombres que se van y un día cualquiera, me escriben desde una cuidad cualquiera.
Me gustan los locos que van por la vida buscándose varias vidas porque la que les toco no les alcanza.
Me gustan los hombres que se conforman con poco, aquellos que prefieren regalarme una carta escrita por su propio puño y letra, a un obsequio ostentoso.
Los que me dejan notas entre las páginas de los libros de mi librero.
Esos que sé me resisten, que me lamentan, que me odian pero no me odian, pero aun así me aman a pesar todo.
Los que andan de metro en metro, de estación en estación; los que pierden el día así.
Me gustan los hombres solos, los que andan por ahí bajando por las calles con una guitarra colgada en su espalda. Y no les interesa lo que puedan decir de ellos.
Aquellos que prefieren ir comer a los tacos de la esquina, en vez de aún lujoso restaurante.
Los que viven rápido, mueren jóvenes y dejan un hermoso recuerdo.
A mi me gustan los hombres con el destino roto.

Hoy quise escribirte.

Tenia algo de tiempo que no escribía, lo extraño como te extraño a ti. Hoy quise hacerlo porque esta es otra manera de tenerte presente.

Muchas veces me encuentro aquí llorando. Extrañándote,   necesitándote, recordándote… esta posiblemente es otra de esas veces.

Escribo porque solo escribiendo para a ti me siento única. Escribo para enamorarte. Escribo porque tú hiciste mis días felices, cuando parecían negros y sin remedio, porque tú sacabas mis mejores sonrisas (y realmente espero que aún lo sigas haciendo). Hoy te escribo porque te extraño.

Realmente te extraño. Te extraño, y no sé como decirlo. Te extraño, y no sé cómo demostrarlo. Simplemente lo hago.

Así como simplemente te amo. Te amo aún con tus kilómetros. Te amo y no me importa que no estés conmigo, mientras estés bien y feliz. Te amo, aún en estas frías cosas… Aquí, allá donde sea te amo.

Desearía poder escribir algo cautivador, qué te hiciera amarme más o por lo menos que te hiciera sentir lo mismo, pero prefiero escribirte desde el corazón. Siempre desde el corazón.

Hoy no tengo mucho que decir, solo quise escribirte para decir ésto… Te extraño, y cómo si no fuera poco te amo.

“Llevo tu corazón, lo llevo en mi corazón”  Recuerdalo…

Te estoy amando.

Te estoy amando aun a miles de kilómetros de distancia.
Te estoy amando aunque no lo diga.
Te estoy amando en mi silencio, en susurros, en besos, lagrimas y sonrisas.
Te estoy amando aunque no estés, pero siempre te lleve conmigo.
Te estoy amando aun en mis peores sueños, en los mejores y en los de siempre.
Te estoy amando con este triste crepúsculo.
Te estoy amando en esta fría noche nocturna.
Te estoy amando con el corazón abierto.
Te estoy amando aun en estas difíciles cosas.

TE AMO, donde quiera que estés… Siempre amándote.

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