A mi me gustan los hombres.

A mi me gustan los hombres que brillan; que brillan entre cualquier otro.
A mi me gustan los hombres que pueden hacerme reír a carcajadas, pero que tampoco sean payasos. Los que desayunan un “te quiero” o un beso…
Los que no tiene miedo a llorar, ni a que los vean hacerlo.
A mi me gustan los hombres prefieren la sonrisa de una mujer, a su cuerpo; aquellos que ríen con discreción pero a todo volumen.
A mi me gustan los hombres intelectuales, que pueda estar con ellos y puedan enseñarme cosas nuevas; pero que tampoco sean mucho más listos que yo.
Los que leen y disfrutan llenarse la cabeza con libros, los que escriben, los que no llaman la atención a excepción de la mía.
Esos aventureros que suben y bajan puentes.
A mi me gustan los hombres que viven el amor y están locos por la vida.
Los que disfrutan de un cigarrillo de vez en cuando, y cuando se emborrachan jamás me llaman para decirme que me aman.
A mi me gustan los hombres que aman a los niños; que podrían acompañarme a un hospital a interactuar y convivir con ellos.
Los que no duermen, que no andan con freno de mano.
Aquellos que sueñan con los ojos abiertos, y los cierran para aventarse al abismo sin miedo de lo que pueda pasar.
Me gustan los que viajan, los que no saben donde terminarán mañana y viven un día a la vez.
Los que arriesgan lo cierto por lo incierto, los que dan todo sin pedir nada a cambio.
A mi gustan los hombres que se van y un día cualquiera, me escriben desde una cuidad cualquiera.
Me gustan los locos que van por la vida buscándose varias vidas porque la que les toco no les alcanza.
Me gustan los hombres que se conforman con poco, aquellos que prefieren regalarme una carta escrita por su propio puño y letra, a un obsequio ostentoso.
Los que me dejan notas entre las páginas de los libros de mi librero.
Esos que sé me resisten, que me lamentan, que me odian pero no me odian, pero aun así me aman a pesar todo.
Los que andan de metro en metro, de estación en estación; los que pierden el día así.
Me gustan los hombres solos, los que andan por ahí bajando por las calles con una guitarra colgada en su espalda. Y no les interesa lo que puedan decir de ellos.
Aquellos que prefieren ir comer a los tacos de la esquina, en vez de aún lujoso restaurante.
Los que viven rápido, mueren jóvenes y dejan un hermoso recuerdo.
A mi me gustan los hombres con el destino roto.

About Monymota

No es para los que me leen, es para los que me quieren leer.

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